Terreno emocional

¿Sabías que el 70% de las personas con rosácea padecen problemas de baja autoestima y vergüenza, debido a su afectación en la piel del rostro?

Aunque es una enfermedad dermatológica, es indudable el impacto que provoca en la salud mental, por ello, muchos pacientes presentan un cuadro clínico de depresión, ansiedad, obsesión, estrés... a causa de los síntomas que padecen.  

#vivirconrosácea
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Debido a manifestaciones como el ardor, picor, inflamación, dolor... se ve condicionado nuestro bienestar. Muestra de ello puede ser la disminución en la calidad del sueño, que afectará a nuestro carácter y otros aspectos de nuestra vida.

La rosácea va minando y cambiando nuestro comportamiento poco a poco y de manera silenciosa. Todo se convierte en un bucle del que cuesta salir. Es difícil cambiar de actitud, pero cuando tocas fondo, aprendes a valorar tu calidad de vida. La obsesión no sirve para nada, es más, empeora los síntomas.

¡¡Despierta!! Mírate y ve más allá de lo que refleja tu imagen. No observes tus rojeces, ni granitos, ni tus párpados hinchados... mírate desde el respeto a uno mismo/a.

En ocasiones somos nosotros mismos los que nos ponemos nuestras barreras a la hora de socializarnos y los que le damos importancia a cuestiones que los demás ni siquiera han percibido. No potencies eso que para los demás no es relevante. No propicies tú mismo el aislamiento social.

A veces pienso que la enfermedad de rosácea es mi escudo protector, mi chivata, la que me avisa de que algo va mal. Con los años he aprendido que cuando sus manifestaciones llegan a incordiarme es porque algo debo de cambiar, ya sea estrés, falta de descanso, agobio, preocupaciones, miedo, frustraciones, compararse con otras personas o simplemente que me estoy alejando de mis hábitos saludables.

 

Interpreta tus brotes como puntos de inflexión, señales que te recuerdan que debes velar por tu salud.